sábado, 26 de marzo de 2011

Declaración de la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional (FT-CI) del 22/03/2011

Alto al bombardeo imperialista contra Libia. 

Por la caída revolucionaria de la dictadura de Kadafi

El 19 de marzo una coalición de potencias occidentales encabezada por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, con el apoyo de los gobiernos proimperialistas de la Liga Árabe y la cobertura de la ONU, comenzó el ataque militar contra Libia anunciado en la resolución 1973 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Una lluvia de bombas y misiles lanzados desde el aire y desde los barcos de guerra y submarinos estacionados en la costa mediterránea ya han caído sobre objetivos militares de Kadafi en las cercanías de Trípoli, Bengasi y otras ciudades, aunque aún se desconocen las víctimas civiles de estos bombardeos.
Esta intervención imperialista, llamada “Odisea al amanecer”, es presentada por Estados Unidos, Francia y sus aliados como una acción “humanitaria” con el supuesto objetivo de “proteger la vida de los civiles” libios. Como venimos denunciando, esta es una gran hipocresía: los mismos que hoy atacan a Kadafi y se proclaman abanderados de la “democracia”, eran los sostenes más firmes de los regímenes dictatoriales árabes, como el de Ben Ali y Mubarak, y siguen sosteniendo a sus agentes contra la movilización popular, como hace Obama con la monarquía de Bahrein y la de Arabia Saudita.
Con la intervención en Libia, las potencias imperialistas buscan impedir que una eventual caída de Kadafi pueda derivar en el surgimiento de un nuevo régimen que cuestione sus intereses. Más en general, intentan ganar legitimidad apareciendo del lado de los “rebeldes” para poder intervenir más directamente y poner un límite a la oleada de levantamientos populares que viene sacudiendo a los países del Norte de África y la península arábiga y poder asegurarse "transiciones" o desvíos. Este proceso, iniciado en Túnez, se sigue extendiendo, como muestra la renovada movilización popular en Marruecos en contra de la monarquía, un régimen aliado de España que, entre otras cosas, contribuye a contener las oleadas inmigratorias hacia la UE; o como el proceso en Yemen que ha dado un salto en el intento de derribar a Saleh, uno de los principales aliados de Estados Unidos en la “guerra contra el terrorismo”.
La operación militar “Odisea al amanecer” no está exenta de contradicciones y su resultado aún es incierto. Las potencias europeas se dividieron alrededor de la intervención en Libia. El gobierno de Sarkozy, por razones de política interna, para cambiar su imagen por haber sostenido al dictador tunecino Ben Ali y, de forma más importante, por sus intereses en el Mediterráneo, decidió reconocer de manera unilateral al Consejo Nacional de Transición y fue un ferviente impulsor de la intervención militar junto con Gran Bretaña, mientras que Alemania se opuso y se abstuvo en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU.
También se pusieron en evidencia las divisiones internas del gobierno norteamericano, expresión de la decadencia hegemónica de Estados Unidos. En cuestión de días, el presidente Obama cambió de posición y decidió impulsar la intervención a pesar de que los jefes del Pentágono se habían pronunciado explícitamente en contra de una nueva incursión militar en otro país musulmán, teniendo en cuenta que Estados Unidos aún está comprometido en Irak y Afganistán.
Este cambio de posición se explica por una combinación de factores que van desde no dejarle a Francia el protagonismo, hasta tratar de revertir la falta de influencia norteamericana en los nuevos procesos del mundo árabe, que quedó expuesta en el reciente viaje de Hillary Clinton a Egipto, donde no logró reunirse con los sectores juveniles que fueron parte del bloque policlasista que derribó a Mubarak.
La Liga Árabe, integrada por las dictaduras y monarquías proimperialistas contra las que se están levantando las masas, apoyó la resolución y le dio una importante cobertura a la acción militar evitando que los pueblos de la región la vean como otra intervención de Estados Unidos junto a otras potencias en defensa de sus intereses o en procura del petróleo. Pero ante la perspectiva de que los bombardeos terminen causando un alto número de muertos en la población civil, han comenzado a cuestionar moderadamente el alcance de los ataques de la coalición.
Lo mismo hacen Rusia y China que, si bien dejaron correr la intervención al no usar su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, no se privan de criticar los bombardeos.
Tampoco está claro cuáles son los objetivos políticos de la intervención y si los socios de la coalición imperialista que está dirigiendo la intervención los comparten. Esto abre distintos escenarios: uno es que el objetivo se limite a lograr, después de algunos días de bombardeos, que Kadafi negocie su rendición a cambio de inmunidad y establecer un gobierno de “unidad nacional” entre los “rebeldes” y los restos del aparato kadafista; otro escenario posible, aunque más traumático, es el de una división temporaria del país entre una zona controlada por los “rebeldes” en el Este y otra bajo control de Kadafi o sus seguidores en el Oeste. Pero tampoco se puede descartar que un objetivo de “cambio de régimen” por la vía militar, si no se obtiene fácilmente, implique una escalada de la intervención imperialista, incluso con tropas terrestres, abriendo la posibilidad de una guerra de contrainsurgencia como la de Irak o Afganistán, pero en este caso frente a las costas europeas.
Estas contradicciones emergieron a la luz pública a pocos días de iniciado el ataque, con una discusión sobre quién debería seguir liderando la operación, en la que se enfrentan por un lado Estados Unidos y Gran Bretaña, partidarios de que el comando de la operación recaiga sobre la OTAN, y por el otro Francia, que ha presentado reservas.
La dirección “rebelde” del Consejo Nacional de Transición libio, ante la superioridad militar de Kadafi, en lugar de apelar a la solidaridad activa de los trabajadores, los jóvenes y los sectores populares que, desde Túnez hasta Yemen y desde Senegal a Marruecos, están mostrando su heroísmo para enfrentar a sus gobiernos reaccionarios, viene solicitando desde hace semanas la intervención imperialista para frenar a Kadafi, creando ilusiones en los miles que se han levantado en Bengasi y otras ciudades de que el imperialismo puede actuar a favor de los intereses de las masas populares. Peor aún, el CNT, integrado mayormente por ex funcionarios kadafistas, sectores medios acomodados y burgueses opositores, le ha dado garantías a las distintas potencias de que respetaría los negocios petroleros y las inversiones imperialistas en el país. A su vez, no ha tenido la menor política hacia los cientos de miles de obreros inmigrantes que trabajan en Libia, que son la mayoría de la población laboriosa y que han sido dejados a su suerte por uno y otro bando.
La izquierda reformista, entre ellos los Partidos Verdes de varios países europeos, el Partido Socialista y el Partido de Izquierda en Francia, entre otros, viene usando el argumento socialdemócrata de que la intervención militar de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y sus aliados permitirá al pueblo libio obtener conquistas democráticas, para justificar su capitulación escandalosa a la intervención militar imperialista, como ya lo hicieron con argumentos “humanitarios” en la guerra de la ex Yugoslavia o en el Kosovo.
Los marxistas revolucionarios planteamos claramente que el imperialismo no interviene para que triunfe el levantamiento popular contra Kadafi, sino para tratar de imponer un gobierno títere al servicio de sus intereses, como hizo tras la invasión en Afganistán e Irak. Tampoco la salida es, como ha planteado Chávez y otros “progresistas”, subordinarse a Kadafi que no solo se ha transformado en un dictador proimperialista, sino que está embarcado en una guerra contrarrevolucionaria para aplastar el levantamiento popular que ha puesto en cuestión su dominio, como parte de los levantamientos en la región. La única salida progresiva para el pueblo libio es luchar enérgicamente tanto contra la intervención imperialista como por derrocar a la reaccionaria dictadura de Kadafi. En esta lucha los aliados del pueblo libio son los trabajadores y los sectores populares que se han levantado en el Norte de África y en los países árabes contra los regímenes dictatoriales y las monarquías proimperialistas; los trabajadores, los jóvenes y los millones de inmigrantes que en los países imperialistas pueden boicotear la política guerrerista de Sarkozy, Zapatero y compañía; y el conjunto de los explotados de todo el mundo.
Llamamos a las organizaciones obreras, estudiantiles y populares, organismos de derechos humanos y partidos de izquierda, a organizar acciones y movilizaciones para repudiar la agresión militar imperialista y en solidaridad con la lucha del pueblo libio.
Abajo la intervención militar imperialista en Libia
Abajo Kadafi. Por un gobierno obrero y popular

Fracción Trotskista - Cuarta Internacional

miércoles, 2 de marzo de 2011

A modo de Editorial (Revista Estrategia Internacional Nº 27)

Una nueva “primavera de los pueblos”

por : Claudia Cinatti

Jueves 24 de febrero de 2011


El año 2011 comenzó con una oleada de levantamientos y movilizaciones obreras y populares. Si bien el epicentro de la intervención del movimiento de masas está en el mundo árabe y musulmán, donde están en curso distintos procesos revolucionarios, empieza a tener repercusiones en otras regiones del planeta, aunque aún se exprese en acciones con menor grado de profundidad y radicalización. Con el antecedente de la huelga general en Guadalupe en 2009, las movilizaciones y huelgas en Grecia en 2010 y la resistencia de los trabajadores y los jóvenes secundarios en Francia contra la reforma del sistema de pensiones de Sarkozy, esta oleada de luchas parece estar anunciando el inicio de un nuevo ciclo ascendente de la lucha de clases, con el trasfondo de la crisis económica internacional que ya lleva tres años.

El torbellino de la acción de masas en el mundo árabe y musulmán
Un repaso por los principales acontecimientos muestra el curso vertiginoso que ha tomado la entrada en escena de las masas en el mundo árabe.
Tunez, 17 de diciembre de 2010. Un joven con título universitario pero que se ganaba la vida con un puesto de venta ambulante, decidió inmolarse en protesta por la situación de miseria a la que el gobierno dictatorial de Ben Ali lo condenaba, al igual que a la gran mayoría de los jóvenes, trabajadores y desocupados. Este hecho trágico disparó un imponente levantamiento obrero y popular que el 14 de enero de 2011 derribó a Ben Ali que había permanecido en el poder durante 23 años, con el sostén de Francia, antigua potencia colonial y principal socio comercial, y el apoyo de Estados Unidos que valoraba sus servicios en la “guerra contra el terrorismo”. La caída de Ben Ali no terminó de calmar las aguas: el domingo 20 de febrero miles de tunecinos volvieron a movilizarse reclamando la caída del “gobierno de transición” encabezado por Mohammed Ganouchi y exigieron el llamado a una asamblea constituyente. El proceso tunecino desató una oleada revolucionaria que se extendió como un reguero de pólvora por el Norte de África, la península árabiga y el mundo musulmán. Las calles de Yemen, Jordania, Bahrein, Marruecos, Argelia, se llenan de jóvenes, trabajadores, mujeres, pobres de las ciudades, desocupados, que piden el fin de los regímenes despóticos –dictadores o monarcas- que son los que durante décadas han mantenido con puño de hierro las condiciones de opresión más brutales que permitieron imponer privatizaciones, ajustes y precarización laboral, para beneficio de las elites locales y las grandes transnacionales imperialistas.
Egipto, 25 de enero de 2011. Millones de personas, la gran mayoría jóvenes, sin empleo o con salarios de hambre, toman las calles de El Cairo, Alejandría y otras ciudades del país exigiendo la renuncia de Hosni Mubarak, uno de los principales aliados de Estados Unidos e Israel, en el poder desde 1981. El dictador resiste. Los manifestantes permanecen en la plaza Tahir. El ejército se preserva sin reprimir y mientras tanto negocia con Mubarak y el gobierno de Obama cómo organizar la salida de la dictadura sin darle a las masas un triunfo. Mientras las marchas se suceden y el ejército se preserva no reprimiendo las protestas, Mubarak intenta sostenerse en el poder ante la presión de las masas. Hasta que una imponente oleada de huelgas que paraliza los principales sectores de la economía, termina precipitando la caída de Mubarak el 11 de febrero. El ejército, que era pieza central del régimen y ha quedado intacto como principal sostén del estado, se hace cargo del gobierno. Sectores importantes de las clases medias parecen conformarse con las promesas de libertades democráticas dadas por la junta militar de gobierno, pero los trabajadores, alentados por la victoria conseguida, extienden las huelgas desafiando la prohibición de hacer huelgas y reuniones sindicales que intenta imponer el gobierno militar. Consiguieron que se vaya el dictador y ahora quieren salarios, mejores condiciones de vida, libertad sindical y exigen que se vayan los directores de las empresas nombrados por Mubarak. El pronóstico todavía es abierto: existe una posibilidad de que el ejército, apoyado por el imperialismo, la burguesía local y sus variantes políticas, logre sortear con éxito la “transición” y estabilizar una salida de “reacción democrática”, pero también existe la posibilidad que la dinámica de enfrentamiento con la clase obrera atraiga nuevamente a la lucha a amplios sectores de masas. O que la junta, que ha tomado en sus manos la redacción de una nueva constitución sin participación popular alguna, ceda finalmente muy poco y empuje también por esa vía de nuevo a las masas a las calles.
Yemen, 28 de enero. Decenas de miles de personas en Sanaa, la capital del país, y otras ciudades, exigen la renuncia de Ali Abdullah Sale, en el poder desde hace 33 años. Esa es la primera de una serie de movilizaciones que continuaron a pesar de la dura represión del régimen. Los motores de la lucha contra la dictadura yemení son profundos. Sale asumió el gobierno del entonces Yemen del Norte en 1978 y, en 1990, siguió en la presidencia de la República de Yemen, tras la reunificación capitalista del país en 1990. Este aliado norteamericano y de la monarquía saudita viene llevando adelante desde hace años una guerra sucia contra la población shiita del norte y contra un movimiento separatista en el sur. Preside el país más pobre del mundo árabe, en el que casi la mitad de la población vive en la miseria y la desocupación alcanza al 35% de la población. Sin embargo este pequeño país tiene una importancia estratégica para Estados Unidos que desarrolla acciones militares encubiertas en su territorio persiguiendo supuestamente a combatientes de Al Qaeda e intenta organizar un recambio gubernamental con líderes opositores afines a sus intereses.
Libia, 15 de febrero. La represión contra una movilización antigubernamental en la ciudad de Bengasi, al este del país, desató un levantamiento insurreccional local contra el régimen de Kadafi. Las fuerzas de seguridad se pasaron del lado de los manifestantes que no sólo se hicieron de las armas sino también del control de la ciudad. Pero cuando las movilizaciones llegaron a Trípoli, la capital y sede del poder de Kadafi, la respuesta fue brutal. Aviones bombardearon barrios y dispararon sobre manifestantes. En solo un par de días la represión ya ha dejado centenares, si no miles, de muertos y desaparecidos. Kadafi, un coronel pretendidamente “tercermundista” devenido neoliberal, amigo de Bush, Blair y Berlusconi, que se ha mantenido en el gobierno desde 1969 usufructuando para él y su clan familiar gran parte de la cuantiosa renta petrolera, ha decidido resistir en el poder a fuerza de balas. Indudablemente, por el grado de violencia de la represión del régimen y por la radicalidad del levantamiento, es el proceso más agudo con fuertes elementos de descomposición estatal, lo que abre la perspectiva de una guerra civil con resultado incierto, o incluso una situación de caos con enfrentamientos inter-tribales, en un país que es el doceavo exportador mundial de petróleo. Las potencias imperialistas, que en la última década hicieron buenos negocios con Kadafi, pasaron a oponerse al dictador -a diferencia de Italia con fuertes intereses cruzados en su antigua colonia- esperando que quizás su caída abra otras oportunidades para sus intereses, siempre y cuando se evite el escenario de desintegración y caos, aunque tampoco se puede descartar que de darse esta perspectiva, se utilice como excusa para desplegar alguna fuerza vinculada a la OTAN. Por su parte, los militares egipcios, que deben gerenciar su propia “transición” ven con preocupación que la fractura del ejército libio lleve a una situación descontrolada en el norte de África. Por eso, seguirían apoyando a Kadafi. El levantamiento en Libia ha dejado al desnudo a los gobiernos que se han alineado en la defensa del dictador como hizo Daniel Ortega, o hasta el momento se han callado ante la masacre como en el caso de Chávez. Incluso Fidel Castro justificó el accionar de Kadafi en nombre de una supuesta “resistencia al imperialismo”.
Bahrein, 16 de febrero. Las fuerzas de seguridad abren fuego contra una movilización que, inspirándose en Túnez y Egipto pedía mejores condiciones de vida, cobrándose la vida de dos manifestantes. Este pequeño país, con un 70% de la población shiita y un 30% sunita, está gobernado desde fines del siglo XVIII por una dinastía monárquica sunita ligada a Arabia Saudita. El motor de la rebelión es la marginación de la mayoría shiita –que compone el grueso de la clase obrera del país- de las estructuras del poder político. Aunque su peso demográfico y político es menor, la crisis en Bahrein puede tener consecuencias impredecibles para el imperialismo y la monarquía de Arabia Saudita. Bahrein es la sede del cuartel general de la quinta flota de marines norteamericanos, indispensable para la operación de las fuerzas de ocupación en Irak. Además, puede ser una fuente de inspiración para la población shiita de Arabia Saudita, concentrada en las provincias petroleras del este. En apenas semanas, esta intervención explosiva del movimiento de masas del norte de África y la península arábiga, motorizada por las consecuencias de la crisis económica –en particular la suba de los precios de los alimentos- y el odio a los regímenes dictatoriales y proimperialistas, parece haber alentado la resistencia más allá de las fronteras de esta región.
 

Las movilizaciones empiezan a extenderse a otras regiones del globo
En Oaxaca, México, asomó nuevamente el fantasma de la Comuna de 2006. Los maestros volvieron a tomar las calles en protesta por una medida del presidente Calderón que favorece a la educación privada. El 15 de febrero, junto con otros sectores populares, se enfrentaron durante siete horas con las fuerzas policiales y de seguridad, al día siguiente realizaron un paro de actividades y una movilización masiva para repudiar la represión y exigir la renuncia de funcionarios públicos.
En Bolivia, los trabajadores y sectores populares participaron de forma masiva en la jornada de protesta centralizada convocada por la Central Obrera Boliviana el 18 de febrero, contra los efectos inflacionarios del fallido intento de “gasolinazo” de Evo Morales y por el aumento de salarios. Aunque el rol de la COB es el de canalizar para descomprimir la lucha, es una confirmación de que el descontento por las medidas antipopulares del gobierno del MAS tiende a expresarse activamente con la movilización.
Incluso en Estados Unidos, donde lo que venía primando en la escena política es la emergencia de la extrema derecha agrupada en el Tea Party, la ofensiva del gobernador republicano de Wisconsin, Scott Walker, que pretende liquidar el rol de los sindicatos de empleados públicos en las negociaciones colectivas, provocó una importante respuesta de los trabajadores del sector público y los docentes, que se movilizaron por decenas de miles junto con los estudiantes, y acciones de solidaridad en varios estados el 23 de febrero. Aunque la dirección de los sindicatos y el partido demócrata juegan un rol en mantener controlado el movimiento, este es un síntoma importante que quizás preanuncie el despertar de la clase obrera norteamericana, muy golpeada por la crisis económica y que viene sufriendo un fuerte retroceso desde la década de 1980.
Mientras estamos escribiendo estas líneas, los trabajadores y la juventud en Grecia han vuelto a la lucha contra los planes de ajuste impuestos por la Unión Europea y el FMI, enfrentándose duramente con la policía antimotines en las calles de Atenas.
Son acciones prácticamente simultáneas de la lucha de clases como no se daban desde hace mucho tiempo. Estos acontecimientos ya están reactuando sobre la economía. El proceso en el mundo árabe y musulmán está llevando al aumento en los precios del petróleo y otras materias primas como el trigo. El destino de Libia, un importante abastecedor de petróleo a varias potencias de la Unión Europea, profundiza el temor de los mercados internacionales de que una disparada descontrolada del precio del crudo desencadene nuevas derivaciones de la crisis económica internacional. Además, por la importancia de la región para los intereses geopolíticos de Estados Unidos, la pérdida de aliados fundamentales como Mubarak, puede profundizar la crisis hegemónica del imperialismo.
 

En los inicios de un nuevo período
Después de 30 años de restauración burguesa, estamos asistiendo a las primeras etapas de un nuevo período histórico en el que las masas están retornando a la escena, aunque con contornos y alcances todavía indefinidos.
Las analogías históricas, aunque imperfectas por definición, son de gran utilidad para analizar los procesos nuevos. En ese sentido, hemos usado la analogía con la restauración borbónica para comprender el significado profundo de la contrarrevolución neoliberal. Aunque ningún proceso histórico se repite, la actual oleada puede ser comparada con la llamada “primavera de los pueblos”. Históricamente, se conoció como “Primavera de los pueblos” a la oleada revolucionaria que comenzó en Francia en febrero de 1848 y rápidamente se extendió a Prusia y numerosas regiones de Alemania, al Imperio Austríaco, a Hungría que estaba bajo su control, Polonia, Italia y otros pueblos de Europa central, en el marco de la crisis económica que había estallado en 1846. Esta oleada desigual empezó a ser contenida con la salida de la crisis de la economía, a mediados de 1850 y se cerró con el fin del proceso en Alemania ese mismo año y el autogolpe de Luis Napoleón Bonaparte en Francia el 2 de diciembre de 1851.
El límite de esta analogía histórica es que a diferencia del siglo XIX, esta nueva “primavera de los pueblos” ocurre en la época imperialista, de crisis guerras y revoluciones. Tampoco estamos en el momento en el cual el proletariado moderno hizo su primera gran irrupción revolucionaria (como fue la insurrección de junio de 1848 en Francia) sino con una clase obrera que ha pasado por la experiencia de revolución y contrarrevolución del siglo XX.
Sin embargo, preferimos la analogía con ese período, que expresó el fin del período de restauración europea abierto con la caída de Napoleón en 1815, que el del ascenso iniciado en 1968, ya que este contó desde un inicio con mayor centralidad proletaria y las masas no venían de un largo período de retroceso. El proceso actual carga sobre sus hombros las consecuencias de las tres décadas de restauración burguesa y esto no puede dejar de tenerse en cuenta para saber que este ciclo de la lucha de clases que se está abriendo será sin dudas tortuoso pero a la vez difícil de contener, ya que se da en el marco de la crisis capitalista mundial. En el ’68, donde también los jóvenes fueron protagonistas aunque con la presencia de una importante vanguardia radicalizada que se venía fogueando en la lucha contra la guerra de Vietnam en varios países, todavía continuaba el boom de la posguerra (la crisis se desataría con fuerza recién en 1973) mientras que hoy aunque los capitalistas lograron evitar la depresión a costa del monumental endeudamiento de los estados, la crisis en curso es más profunda que aquella que se dio a mitad de los ‘70.
 

La lucha por construir una dirección revolucionaria
Las potencias imperialistas primero se vieron sorprendidas por los acontecimientos que golpearon a sus aliados y agentes más relevantes como Ben Ali para Francia o Mubarak para Estados Unidos. La hipocresía imperialista quedó claramente expuesta, desacreditando aún más el discurso sobre la defensa de los “derechos humanos”. Durante más de treinta años, Estados Unidos, Francia, Italia, Gran Bretaña, entre otros han sostenido regímenes dictatoriales brutales, desde Mubarak hasta la monarquía saudita.
Pasado el desconcierto inicial, la política de Obama y de los países imperialistas de la Unión Europea es tratar de preservar lo más posible de los regímenes cuestionados por las masas mientras se presentan discursivamente como del lado de los manifestantes para tratar de imponer “transiciones pactadas” de recambio, buscando que no se alteren en lo esencial sus posiciones geopolíticas y sus negocios. En lo que hace a Egipto esto implica, en primer lugar, que se mantengan los acuerdos con el Estado de Israel y la subordinación política a las necesidades yanquis. De ahí que en las próximas semanas y meses en el mundo árabe musulmán se defina si vamos a procesos donde los trabajadores y las masas explotadas logren imponer sus demandas y liberarse de la dominación imperialista y de sus socios locales, o si estos lograrán contener el descontento popular y que la caída de los regímenes dictatoriales solo dé paso a regímenes con formas más o menos democrático burguesas pero que no cuestionen lo central del orden imperialista, tal como ocurrió durante la década de 1980 en América latina, aunque a diferencia de Latinoamérica, no se viene en esta región de derrotas históricas como fueron los golpes contrarrevolucionarios que terminaron con el ascenso de la década de 1970.
El elemento que juega en contra de esta perspectiva es que estamos en un contexto de crisis capitalista mundial que dificulta hacer concesiones sustantivas que logren desactivar los reclamos obreros y populares. Además, el carácter autocrático de la mayoría de los regímenes hace que las mediaciones políticas favorables al imperialismo sean todavía muy débiles.
Desde el ángulo del movimiento obrero, la principal debilidad es, como señalamos, la baja subjetividad revolucionaria con la que entra a este proceso luego de tres décadas de restauración burguesa. Las masas, en particular sus sectores avanzados, salen a la lucha pero sin una estrategia clara para derrotar el poder de la burguesía en vistas de imponer su propio estado, lo que impide llevar la lucha hasta el final. Tampoco por el momento parece haberse expresado una clara conciencia antiimperialista, aunque los regímenes y gobiernos contra los que se han desatado los levantamientos son abiertamente proimperialistas y las masas en el pasado expresaron su bronca contra estos por su apoyo a la guerra contra Irak o su rol cómplice frente a los ataques sionistas a Palestina. Sobre esa debilidad el imperialismo y las clases dominantes locales, buscan contener los procesos en sus primeras etapas y desviarlos.
Todo dependerá de que en el curso de este período la nueva vanguardia obrera y juvenil logre poner en pie verdaderas organizaciones revolucionarias que permitan llevar a los trabajadores, campesinos pobres y al conjunto de los explotados al poder.
En la región que hoy es epicentro de los levantamientos, aunque el movimiento obrero y popular tiene una importante tradición de lucha antiimperialista, las fuerzas marxistas revolucionarias han sido históricamente débiles, con la excepción parcial de Argelia. Sin embargo, los hechos que allí están sucediendo indudablemente tienen y tendrán repercusiones entre los trabajadores, los jóvenes y los sectores populares de todo el mundo. La vuelta a la escena de la acción independiente de las masas favorece la construcción de partidos obreros revolucionarios, particularmente en países donde la lucha de clases no solo tiene tradición, sino que mantuvo importantes niveles a lo largo de estos años, junto con una fuerte presencia y tradición trotskista como Francia, donde nuestros compañeros impulsan el Colectivo por una Tendencia Revolucionaria (Plataforma 4) en el seno del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) y en Argentina, donde el PTS viene dando pasos importantes en la organización de la vanguardia obrera y juvenil. Los acontecimientos que estamos viviendo no hacen más que reforzar nuestras energías en la lucha por poner en pie partidos revolucionarios arraigados en la clase obrera y por reconstruir la IV Internacional, el Partido Mundial de la Revolución Social.


23 de febrero de 2011

Libia

Los ex aliados imperialistas de Kadafi   preparan la intervención

por : Celeste Murillo
Miércoles 2 de marzo de 2011


El Consejo de Derechos Humanos de la ONU resolvió hoy 1/3/2011 suspender a Libia por la represión emprendida por el régimen de Muammar Kadafi. Esta resolución llegó después de pedidos de Estados Unidos, como el realizado directamente por Obama al secretario general de la ONU Ban Ki-moon de crear una zona de exclusión de aérea o mediante el pedido de la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, que llamó a la “comunidad internacional” a actuar frente a la situación en Libia.
Hillary Clinton denunció –con un cinismo increíble- que había que presionar por la caída de Kadafi porque “Han empleado armamento pesado contra civiles. Se ha lanzado a mercenarios y matones contra los manifestantes” (dice la secretaria de Estado del país que asesinó miles de personas -no se conoce el número- en Irak y que bombardea aldeas en la frontera en Afganistán y Pakistán. Incluso existen denuncias de uso de fósforo blanco contra la población). Por supuesto, sin contar que el régimen de Kadafi viene apoyando desde 2003 la “guerra contra el terrorismo” del imperialismo norteamericano.
Estados Unidos está impulsando, junto a Gran Bretaña, la creación de la zona de exclusión aérea y ha movilizado dos buques a las costas de Libia. Sin embargo, aunque está presionando por una política activa sobre Libia, la realidad es que Estados Unidos no tiene la legitimidad política necesaria para intervenir militarmente –incluso en nombre de los opositores a Kadafi-. Los propios británicos se preguntan si sería una buena empresa repetir la alianza sin condiciones que los llevó a Irak y Afganistán bajo el comando de EEUU: “es un camino complicado que los gobiernos en Washington y Whitehall deberán pensar muy seriamente antes de embarcarse en él” (http://www.bbc.co.uk/news/mobile/wo...). Por su parte, Francia mediante su ministro de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, dijo que “se pueden estudiar diferentes opciones” (antes de la intervención militar) y aclaró que no apoyarán ninguna operación militar sin mandato de la ONU (algo que por el momento parece difícil teniendo en cuenta que Rusia adelantó que vetaría la creación de una zona de exclusión aérea en el Consejo de Seguridad). Es que la creación de una zona de exclusión aérea tiene como premisa la destrucción de la defensa antiaérea, como lo reconoció el Gral. James Mattis (comando de EEUU en la región), lo que implica una acción militar en el país. Y no puede descartarse que, producto de una intervención militar directa de EEUU, se avive el sentimiento antinorteamericano (aun cuando se encuentra relativamente ausente de las consignas de las movilizaciones) que surge de forma incipiente frente a estas amenazas como se vio en la propia Bengazi, uno de los centros de la oposición Libia.
El sábado 26/2 el Consejo de Seguridad votó un paquete de sanciones, que incluye el embargo de armas, la prohibición de salir del país para Kadafi y el congelamiento de los activos de la familia. Las medidas ya fueron aplicadas por Estados Unidos y la Unión Europea ya se ha comprometido a hacerlo también.
Antes de la votación en el Consejo de Derechos Humanos, el gobierno norteamericano ya venía actuando para motorizar algún tipo de intervención, con el apoyo de la ONU y en nombre de poner fin a la represión de Kadafi. El secretario de Defensa, Robert Gates, anunció la llegada de dos buques anfibios con aproximadamente 500 marines.
Por si faltaran pruebas de los intereses que se juegan para Estados Unidos en la región –y no la defensa de la democracia y los derechos humanos- bastan las palabras de Clinton para aclarar: “Toda la región está cambiando y una respuesta fuerte y estratégica estadounidense será esencial”.
Las masas que se han levantado contra Kadafi no pueden esperar nada bueno de la intervención del imperialismo que, como bien saben los pueblos del mundo árabe, han apoyado y aun apoyan a las dictaduras y monarquías del Norte de África y Medio Oriente. Al contrario, solo la unidad con los pueblos de la región (que apoya de forma solidaria con movilizaciones e envío de alimentos), fortalecerá la lucha del pueblo libio por terminar con el régimen de Kadafi.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los municipales de Montevideo enfrentan al gobierno frenteamplista y sus personeros


Por Hernán Yanes

En los últimos dos meses y sobre todo a partir del paro general del pasado7 de octubre, la clase trabajadora uruguaya ha salido a luchar por aumentos de salarios, mejores condiciones laborales y en defensa de sus conquistas históricas.
Los judiciales que ocuparon la Suprema Corte de Justicia, los aduaneros con sus cierres de los pasos fronterizos, los bancarios y sus bloqueos al servicio del clearing, los cortes de ruta, las movilizaciones y paros de los trabajadores del Comercio, de los shoppings, supermercados y call centers, las marchas de los metalúrgicos y otros muestran la disposición de amplios sectores de la clase obrera de luchar para mejorar sus condiciones de vida debiendo enfrentarse con un gobierno considerado “de izquierda” pero que cada vez más muestra su defensa de un sistema que beneficia a la patronal y al imperialismo.
Frente a esta ola de conflictos los empresarios, los partidos tradicionales blanco y colorado piden mano dura mientras que el FA acusa a los trabajadores de estar manipulados por grupos de ultra izquierda que le hacen el juego a la derecha.

El Partido Comunista gobierna en Montevideo contra los trabajadores y al servicio de las empresas

Desde hace aproximadamente 45 días el sindicato de ADEOM (Asociación de Empleados y Obreros Municipales) de Montevideo, comenzó con paros por aumentos salariales para los funcionarios de la Intendencia. Su reclamo pretende llevar el sueldo mínimo a 20000 pesos nominales a finales del quinquenio de gobierno, el equivalente a media canasta familiar.
La intendenta Ana Olivera, que asumió hace algunos meses y es integrante del Partido Comunista y del Frente Amplio rechazó desde un comienzo esta pretensión y se mantuvo firme en su negativa. Niega así el derecho básico de los trabajadores a cobrar un sueldo mínimamente digno, tratando su pedido de desmedido, mientras accede y favorece la contratación de empresas tercerizadas y ONGs que acumulan ganancias mientras pagan sueldos de hambre a sus trabadores precarizados.
Pero además aumentar los sueldos de los empleados municipales sería un peligroso precedente en un contexto en el que otros sectores tanto público como privados sostienen medidas de lucha por recomposición salarial, en un contexto económico de crecimiento y de todo tipo de medidas de “incentivo a las inversiones” como le gusta decir al presidente Mujica, que no es otra cosa que asegurarle más ganancias a los empresarios.

Como parte del conflicto municipal la ciudad comenzó a sentir los efectos de la medida al acumularse basura en sus calles y la comunista Ana Olivera con el apoyo explícito y total del Partido Comunista y todo el Frente Amplio no tuvo problema en decretar la esencialidad del servicio de recolección de basura y de guardavidas limitando el derecho a huelga y recurriendo a leyes que la derecha a través de Pacheco Areco puso en práctica a fines de la década del 60 y fueron antecedentes de la sangrienta dictadura.
Esta medida amenaza con despedir a los trabajadores que realicen paros en servicios considerados “esenciales” y es claramente un arma peligrosa para frenar la lucha, así como el reciente decreto de Mujica que impide ocupar edificios públicos y habilita la inmediata intervención policial.

Mujica militariza la recolección de basura. El Frente Amplio nuevamente muestra para quién gobierna

Aquellos que tenían alguna esperanza en un gobierno más de izquierda por el pasado guerrillero de Mujica pueden ver cómo, por el contrario, el presidente tupamaro avanza con más fuerza y autoritarismo contra las conquistas históricas de los trabajadores (como con sus ataques a los empleados públicos) y ofreciendo más ganancias para las patronales.
Su decisión de enviar a las tropas de las Fuerzas Armadas a levantar la basura frente al paro municipal, militarizando de hecho el conflicto, utilizándolas como rompehuelgas, es ceder al reclamo de la derecha y los empresarios y nos da una idea de cómo reacciona el gobierno cuando los trabajadores reclaman por sus derechos. Mujica aprovecha además para legitimar estas fuerzas, manchadas por los crímenes cometidos en la dictadura (que reivindican), como otro paso en la reconciliación que promueve desde que llegó al gobierno.

También debemos tener claro el papel del Partido Comunista del Uruguay, quien históricamente ha jugado un rol nefasto para el movimiento obrero, hoy, más allá de a la interna algunos posen más de combativos, todos cierran filas apoyando las medidas represivas de la intendenta “comunista”.

El PIT-CNT se aleja de las demandas obreras en su alineamiento con el gobierno

La central obrera PIT-CNT muestra su rol burocrático de correa de transmisión del gobierno en el movimiento obrero ya que frente al conflicto de los municipales, si bien ha defendido el derecho a huelga de los trabajadores se ha manifestado a favor del decreto de esencialidad de la Intendenta, quedando del lado contrario a la lucha obrera, del lado de la patronal.
Esta ubicación le valió un repudio merecido de la masiva asamblea de los municipales (unos 2500 trabajadores presentes sobre un total de un poco más de 8000) que tildaron al Secretario General de la central Juan Castillo de “traidor” por ponerse del lado de “su” compañera Ana Olivera.
En esta asamblea se puso en cuestión la continuidad del gremio municipal dentro del PIT-CNT.

Es necesario oponer a la burocracia sindical una política independiente

ADEOM tiene la posibilidad de llamar a rodear de solidaridad su conflicto y comenzar a dar pasos importantes en la necesidad de reagrupamiento de los sectores combativos, para que sean una verdadera alternativa a la burocracia sindical. No se puede sembrar ilusiones en los dirigentes del Partido Comunista ya que crearemos falsas expectativas y estaríamos frenando la experiencia de amplios sectores de las masas con el FA.
Hay que exigir, como lo ha votado la asamblea de ADEOM, un Paro Nacional de 24 hs en apoyo al conflicto de los municipales y por aumento de salarios en público y privados y contra el trabajo precario. Además debemos defender a todos aquellos trabajadores que no acataron la esencialidad frente a posibles represalias. Es necesario encarar una lucha que se exprese en las calles a través de la movilización masiva de toda la fuerza obrera. Solo así conseguiremos nuestros reclamos y la unidad del movimiento obrero.

SOLIDARIDAD CON LA LUCHA DE ADEOM
AUMENTO DE SALARIOS YA
FUERA LAS FUERZAS ARMADAS DE LOS LUGARES DE TRABAJO


jueves, 9 de diciembre de 2010

Ante el aumento de la conflictividad laboral

Mujica prohíbe las ocupaciones de dependencias públicas*
por : Karina Rojas

José Mujica junto al empresario español Florentino Perez como parte de su visita por España. La alegría que muestran sus rostros se debe a las promesas de inversión de Perez en el Uruguay.

En los últimos meses los trabajadores han emprendido distintas luchas por el salario y por mejores condiciones de trabajo aumentando significativamente los índices de conflictividad laboral, momento que tuvo su pico máximo el pasado 7 de octubre con el Paro General de 24 hs. Sobran los motivos para salir a la lucha: los bajos salarios, las formas de contratación precaria, el trabajo en negro, y además la posibilidad de incidir en las negociaciones salariales y en la votación del Presupuesto Quinquenal que realizará en estos días el Parlamento. Por otro lado cada vez queda más claro que plata hay: los índices macro económicos son positivos, los balances de las empresas muestran ganancias extraordinarias, el aumento del crecimiento económico es acompañado por un incremento en la brecha de desigualdad entre los sectores más ricos y los más pobres de la sociedad. O sea que el crecimiento no es igual para todos, como nos quiere hacer creer el gobierno de Mujica: la bonanza económica es para las empresas exportadoras, para los dueños de las tierras (cada vez más extranjerizadas) y para los agroexportadores, es para los bancos y las empresas de comercio y los servicios. Los capitalistas descorchan champaña este fin de año porque sus ganancias se han incrementado a costa de los salarios de miseria de los trabajadores y las precarias condiciones de trabajo garantizadas por el gobierno frenteamplista de Mujica, que aseguró una y mil veces que los inversores pueden estar tranquilos en Uruguay porque van a ganar fortunas y nadie va a cuestionar su riqueza. El Frente Amplio garantiza también la plata para el pago puntual de la deuda externa que cada vez crece más y que pagamos todos los uruguayos hipotecando nuestro futuro y el de las próximas generaciones.
El fracaso de las negociaciones salariales hizo también que diversos gremios hayan iniciado duros conflictos, tanto en el ámbito privado como público por recomposición salarial en algunos casos y contra la precarización laboral y por mejores condiciones de trabajo en otros: municipales de Montevideo y Canelones, docentes, trabajadores de la salud, controladores aéreos, funcionarios de la universidad, trabajadores bancarios, judiciales, recolectores de la basura, trabajadores de la construcción, de comercio, de la aduana, frigoríficos, arroceros, portuarios, etc etc.
Estas luchas han incluido en algunos casos acciones callejeras como importantes movilizaciones (como la del gremio de la construcción), ocupaciones de dependencias estatales (como en el caso de los judiciales) y piquetes para impedir el comercio exterior y la utilización de carneros (como sucedió en el puerto de Montevideo).

Pese a la demostración de fuerzas que viene dando la clase trabajadora, los dirigentes sindicales del PIT-CNT se vienen negando a unificar las luchas, evitando unir los reclamos obreros en una gran lucha nacional por el salario y contra la precarización laboral. Así desgastan las energías de la clase obrera, permite que los gremios luchen y negocien por separado, cuando estamos ante la oportunidad de pegar con un solo puño, ya que el gobierno viene golpeado por el incremento de la conflictividad obrera y por las divisiones al interior del Frente Amplio sobre temas candentes como discusiones sobre la Ley de Caducidad además de los casos que salpican a figuras del gobierno como la votación que permitió la clausura del expediente de los Peirano o las omisiones en las declaraciones juradas patrimoniales del ex vicepresidente Nin Novoa.
La burocracia sindical (con el Partido Comunista a la cabeza) vuelve a actuar frenando la combatividad obrera, planteando que el eje de la lucha no debe ser “contra el gobierno” y negociando muchas veces migajas para proteger al gobierno frenteamplista.

Mujica se alía a la derecha contra los trabajadores

  Frente a las medidas de acción directa de los trabajadores como las ocupaciones y los piquetes, la derecha expresada en los partidos Nacional y Colorado y las cámaras empresariales salieron con los tapones de punta condenando la radicalidad de la protesta, rechazándolas por desmedidas y exigiendo “mano dura” al gobierno contra los “excesos” de los trabajadores.
Parece que Mujica escuchó estos reclamos (no los de los trabajadores sino los de la derecha recalcitrante) y actuó en consecuencia llamando a los trabajadores a la reflexión en pos de no espantar las inversiones extranjeras. Pero además arremetió contra el derecho más elemental de los trabajadores, el derecho a la huelga, ya que ha firmado un decreto donde dice expresamente que ante una ocupación de alguna dependencia pública se procederá a autorizar a las fuerzas policiales a que desalojen el edificio para garantizar su normal funcionamiento. Toda una muestra de que el gobierno de Mujica está al servicio de los empresarios que se están llenando de plata los bolsillos y contra los trabajadores que reclaman nivelar sus ingresos.
Esta disposición del ex tupamaro causó sorpresa y repudio en amplios sectores de las bases frenteamplistas. Sin embargo es coherente con su disposición de aumentar los fondos para las fuerzas represivas, además de la operación de reconciliación con las Fuerzas Armadas que viene haciendo desde que asumió, hace diez meses. Junto con la política carcelaria y la baja de la edad de imputabilidad de los menores, son todas medidas que intentan ubicar y jerarquizar a las fuerzas represivas, dotarlas de legitimidad y aumentar su poder de fuego frente al incremento de las luchas obreras. Como todo gobierno al servicio de los capitalistas, necesita de estas fuerzas para usarlas contra las luchas obreras y populares.

La respuesta del sindicalismo oficialista fue siniestra: más allá de algunas declaraciones a la prensa a nadie se le ocurrió realizar una demostración de fuerzas en las calles, aprovechar la disposición de lucha y de movilización para poner en pie un movimiento que se declare firmemente en contra de este avasallamiento a los derechos más elementales por parte de un gobierno que supuestamente es de izquierda.

Hay que exigir a la dirigencia sindical la realización de asambleas en todos los lugares de trabajo, sean públicos o privados, porque esto es un ataque para todos, la base tiene que decidir, todos tenemos que participar. Hay que votar un repudio generalizado a este decreto reaccionario “antitoma” y demostrarlo en las calles, hay que exigir el llamado a un Congreso Nacional de Delegados de Base de todo el movimiento obrero elegidos de forma democrática por las bases en todos los lugares de trabajo, para borrar las diferencias entre público y privado, efectivo y contratado, precarizado y eventual, trabajo en negro, que todos puedan participar y decidir un plan de lucha unificado con una clara definición de independencia política del movimiento obrero. Es necesario luchar por:

• Aumento de salarios a nivel de media canasta familiar
• Presupuestación de todos los contratados y precarizados
• Basta de trabajo en negro
• A igual tarea, igual salario
• Que el gobierno deje de pagar la deuda externa y ponga ese dinero en los presupuestos de salud y educación
• No a la Reforma del Estado que flexibiliza aún más la fuerza de trabajo

• Expropiación y estatización sin pago y bajo control obrero de toda fábrica que cierre o pretenda despedir a su plantilla.

* Esta nota ha sido reproducida por la Fracción Trotskista - Cuarta Internacional (FT-CI)
en su sitio web http://www.ft-ci.org/